La tigresa Scully

Esta historia habla del duelo. De la pérdida, pero también del reencuentro. Es la historia de una
gatita, Scully, y de su camino hasta nosotros.
La conocíamos desde hacía años porque era de mi suegro. Sin embargo, sabíamos poco de
ella, solo que de pequeña los niños del pueblo le tiraban piedras y ella había desarrollado una
desconfianza enorme hacia las personas. Las pocas veces que nos atrevíamos a acercarnos, ella
nos observaba desde detrás de su miedo, lánzanos todo tipo de advertencias. Nunca se nos
acercó. Nunca mostró ningún signo de cariño hacia nosotros. Más allá de eso, siempre se nos
dijo que era una gata “peligrosa”, poco amigable y que era mejor no mantener ni contacto
visual con ella.

A mí me aterraba. Recuerdo no querer entrar en casa de mi suegro. Y cuando no tenía más
remedio, Scully siempre me recibía con bufidos, gruñidos y mil avisos para que no me acercara.
Tenía fama de tigresa, una vez incluso arrinconó a mi marido contra la pared y le llenó las
piernas de arañazos.
Por desgracia, este verano de 2025 perdimos a mi suegro de manera repentina. Y por si fuera
poco, tres días después, mi marido y yo tuvimos que despedirnos de nuestro perro Floc, con
todo el dolor de nuestro corazón. Mi suegro y Floc estaban muy unidos, él nos ayudaba a
cuidarlo, le daba sus medicaciones cuando nosotros no podíamos. Tenían una conexión muy
bonita, y hasta para dejarnos se pusieron de acuerdo.
Y de pronto, entre todo ese duelo, ella. Scully se había quedado sola, todo su mundo había sido
siempre mi suegro. No tenía contacto con más personas y su futuro se complicaba, porque
aunque todos queríamos ayudarla, no sabíamos hacerlo. Y no sabíamos qué hacer con ella.
Buscamos protectoras, casas donde pudieran darle una oportunidad. Pero al explicarles como
era, todo el mundo se echaba atrás. Toda la familia quería ayudarla pero todos le teníamos
miedo. Tras un par de semanas casi sin poder atravesar la puerta de su casa para ponerle
comida, ya con el piso sin muebles y a puertas de tener que cerrar la puerta definitivamente,
decidí contactar con Jordi.
Jordi entró decidido, se arrodilló al lado de Scully y le acercó la mano, cuando nadie era capaz de
hacerlo. Ella se mantuvo distante, pero no le atacó. Después, Jordi nos dijo que la gata no era
mala, en absoluto. Que necesitaba salir de allí ya y que con paciencia, sería una gata
cariñosa. Yo no quería más animales, estaba destrozada por la pérdida de mi perro, pero a la
vez había algo en ella que me obligaba a darle la oportunidad. En cierta manera, se lo debía a
la memoria de mi suegro, que tanto había hecho por nuestro compañero peludo.
Jordi volvió unos días después, la metió en un transportín y nos la trajo a casa. Nos dio pautas
sobre cómo actuar con ella, dónde colocar sus cuencos de comida y agua y como respetar su
espacio. Nos ayudó a comprender el comportamiento de los gatos y sobre todo, a tener mucha
paciencia. Yo seguía sin verlo claro, pero me dijo algo, sin conocerme, que me cambió:
“Va a ir bien, porque lo estás deseando. Las dos tenéis que perder el miedo”
Scully lleva casi dos meses en casa, y se está cumpliendo todo lo que Jordi nos dijo. Ella se ha
abierto a nosotros poco a poco. Es una gata fantástica, deja que la acariciemos, nos da golpes
con su cabecita y nos espera en la puerta cuando llegamos a casa. A mí me gusta pensar que
está agradecida, que es consciente del esfuerzo que ha supuesto para nosotros darle esta
oportunidad, cuando sentíamos que traicionábamos el recuerdo de Floc.

Por eso esta es una historia de duelo, pero también de reencuentro. Porque en medio de tanta
oscuridad, es posible reencontrarte con un poquito de luz. Y esa luz puede llegar desde
cualquier parte, incluso desde una gatita de 9 años aterrada, que todo lo que necesita es que
alguien le enseñe a confiar.
A días, aún me pregunto qué les parecería a Floc y a mi suegro todo esto. Y, a días también,
estoy segura de que no podrían ser más felices. Por ella, y por nosotros.
No sé qué hubiera sido de Scully si no hubiera contactado con Jordi. Casi con toda seguridad
estaría en alguna protectora, en un rincón, invisible. Sin oportunidad.
Gracias, Jordi, por ver en Scully la posibilidad de empezar una nueva vida con nosotros. Gracias
por ayudarnos, por reconducirla y por tus maravillosos consejos.
Sé que lo sabes, pero a mí me has allanado el camino del duelo.

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